EL FALLO CONTRA LOS MONOS Y LA INDIFERENCIA SOCIAL
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EL FALLO CONTRA LOS MONOS Y LA INDIFERENCIA SOCIAL

Si unos derramaron valentía, derramemos nosotros unas palabras de apoyo

EL FALLO CONTRA LOS MONOS
Y LA INDIFERENCIA SOCIAL

 

Pareciera, por la ausencia de exteriorización pública, que la comunidad ha permanecido indiferente ante el fallo en la causa que condena a la denominada banda “Los monos”.
Algún sociólogo o estudioso de estos temas debería analizar el fenómeno de una comunidad que víctima de la delincuencia, no aplaude cuando se aplican los remedios para neutralizarla o atenuarla.
Tampoco se diga que policías, fiscales y jueces no han hecho más que cumplir con su deber, porque no es ésta una moneda corriente en el país y además entraña, como hemos visto en los últimos días, riesgo personal para estos protagonistas.
Ocurre que éstas acciones ejemplares y protectoras de la comunidad deben ser alentadas, estimuladas, destacadas, elogiadas, por su misma naturaleza positiva y para que el llamado “juicio de la historia” sea reeditado en otros juicios de la misma altura en la lucha contra la inseguridad.
Si unos derramaron sangre, esfuerzo, temor, trabajo y valentía al menos nosotros, los beneficiarios, derramemos unas palabras como muestra de apoyo, ya sea alzando nuestra voz o gastando unas cuantas gotas de tinta para que se genere permanentemente, un círculo virtuoso entre la comunidad y quienes procuran el repliegue del delito.
Que sepan los hacedores de este juicio que no están solos, que estamos agradecidos pero que también hay que perseverar, porque la tarea pendiente es mucha.
 

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EL FALLO CONTRA LOS MONOS Y LA INDIFERENCIA SOCIAL

Si unos derramaron valentía, derramemos nosotros unas palabras de apoyo

EL FALLO CONTRA LOS MONOS
Y LA INDIFERENCIA SOCIAL

 

Pareciera, por la ausencia de exteriorización pública, que la comunidad ha permanecido indiferente ante el fallo en la causa que condena a la denominada banda “Los monos”.
Algún sociólogo o estudioso de estos temas debería analizar el fenómeno de una comunidad que víctima de la delincuencia, no aplaude cuando se aplican los remedios para neutralizarla o atenuarla.
Tampoco se diga que policías, fiscales y jueces no han hecho más que cumplir con su deber, porque no es ésta una moneda corriente en el país y además entraña, como hemos visto en los últimos días, riesgo personal para estos protagonistas.
Ocurre que éstas acciones ejemplares y protectoras de la comunidad deben ser alentadas, estimuladas, destacadas, elogiadas, por su misma naturaleza positiva y para que el llamado “juicio de la historia” sea reeditado en otros juicios de la misma altura en la lucha contra la inseguridad.
Si unos derramaron sangre, esfuerzo, temor, trabajo y valentía al menos nosotros, los beneficiarios, derramemos unas palabras como muestra de apoyo, ya sea alzando nuestra voz o gastando unas cuantas gotas de tinta para que se genere permanentemente, un círculo virtuoso entre la comunidad y quienes procuran el repliegue del delito.
Que sepan los hacedores de este juicio que no están solos, que estamos agradecidos pero que también hay que perseverar, porque la tarea pendiente es mucha.
 

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